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martes, 16 de mayo de 2017

Euro, ¿qué?

Recientemente ha sido, un año más, el concurso televisivo Eurovisión. Y otro año más, todo el mundo creyéndose lo mismo de siempre, que en este concurso se gana con la canción.

¿En serie nadie se ha dado cuenta, después de tantos años, que no es la canción ni mucho menos lo que gana?

No entiendo como se sigue yendo a eso, y menos aún, como a la gente le gusta. Es lo que más me molesta, que tanta gente siga echándole la culpa a todo: que si el decorado no acompañaba, que si no cantar en el idioma propio, que si tal, que si cual.

No puedo, por más que lo intento, entender como es que tanta gente sigue creyendo en ese "concurso" como si fueran niños creyendo en los Reyes Magos.

Supongo que cosas así explican por qué nos va como nos va.

domingo, 14 de mayo de 2017

Los sinónimos de aceptar

El otro día escuché a una señora decir que había que aceptar las cosas como venían sin amargarse.

En parte tiene razón, amargarse sólo sirve para sentirte mal, pues eso en sí no cambia las cosas. Dijo que una vez había discutido con una chica sobre una situación personal y que cuando impuso esa opinión la chica se "quedó muy suave". Yo me pregunto si realmente se quedó suave o prefirió no seguir gastando saliva para nada.

Yo no estoy de acuerdo, y me entraron ganas de decirle lo que pienso, pero paso de discutir con personas que conozco poco. Porque además sé que no servirá de nada.

Tenía razón en aceptar las cosas, cuando es sinónimo de admitir. Pero no cuando es sinónimo de conformarse.

En mi humilde opinión, estas personas son más felices porque no se sienten mal, pero contribuyen a empeorar el mundo. Por un lado, dejan las cosas tal y como están, sean malas o no, y por otro enseñan a otras personas a no luchar.

Hay muchos ejemplos en la historia de gente que no aceptó las cosas como estaban o como vinieron. Gente que quiso derechos para todos, que no quiso que su pueblo siguiera oprimido o que todo el mundo pudiera votar. Si esas personas hubiesen aceptado las cosas tal y como estaban o tal y como venían, el mundo sería hoy muy diferente.



miércoles, 3 de mayo de 2017

La confusión sobre la alimentación

Esta entrada va sobre literatura a medias.
Sé que hay algún que otro libro sobre mitos y mentiras sobre la alimentación. No voy a reseñarlos, si escribo esto es porque me toca las narices que se hable sobre algo tan delicado como es la alimentación.
No voy a decir nombres, puesto que están ahí, en las librerías, a la vista de todo el mundo. Se habla de productos sanos, ecológicos y sobre que tal o cual substancia no es tan sana o, cancerígena.
Sé que hay autores que han estudiado sobre el tema, que tienen carreras, y aunque creo que puede ser cierto algo de lo que dicen, creo que se les olvidan algunas dolencias relacionadas con la alimentación, como son las alergias y las intolerancias alimentarias. ¿Nadie se ha dado cuenta, de que hace cuatro o cinco décadas casi nadie tenía alergia o intolerancia a ningún alimento y hoy en día casi todo el mundo tiene una? Hay cada vez más casos de celiaquía e intolerancia a la lactosa, y cada vez hay más posibilidades de hacerse test de intolerancia (que hay quienes dicen que no son válidos y quien dice que sí, ¿?). Cada vez son más los alimentos dedicados a estos grupos y muchos restaurantes están adaptando sus menús para poder atender a intolerantes, y por supuesto no falta información sobre alérgenos.
Sé de gente que sin ningún antecedente genético han contraído alergias alimentarias o relacionadas con la alimentación (como la del níquel, presente en muchos alimentos), con menos de treinta años, con lo que no se puede achacar tampoco al desgaste del organismo.
Creo que no hay que comer con miedo, pero no está bien pretender que la comida, con tantos aditivos como lleva, desde los pesticidas en los cultivos, (por no hablar de la contaminación ambiental y marina), a los conservantes y demás en la elaboración y envasado, sea segura y sana.
Después de haber sufrido una alergia de este tipo (que por suerte desapareció), estoy más que segura que algún aditivo (no sé cual, por supuesto) me la causó. Porque por mucho que en pequeñas cantidades sean seguros, acabamos consumiendo muchos alimentos que llevan varios aditivos, con lo cual la cantidad se eleva.
Sinceramente, me parece mal que se escriban este tipo de libros y mucho más que se publiquen. Debería haber algún tipo de control, pero supongo que es muy difícil, y sólo queda esperar que no sean demasiado leídos ni seguidos. Como siempre, allá cada cual con lo que lee.
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